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viernes, 18 de enero de 2013

PINTURA: Carlos Alberto Vasquez Rey





CARLOS ALBERTO VASQUEZ REY



Arcadia o el territorio del artista.


La antigua Arcadia era un país imaginario donde reinaba la sencillez, la paz, la concordia entre iguales y la comunión armónica con la naturaleza. De aquel mito, de aquel sueño clásico, que nos conduce inevitablemente al mito del buen salvaje de Rousseau, permanece la necesidad íntima de todo individuo de conseguir un espacio propio, un lugar físico o espiritual donde echar raíces profundas y desarrollarse como ser humano.

Si esa necesidad deviene lógica en el más común de los mortales, cuando el mortal es un artista encontrar esa ubicación, verdadera piedra filosofal de la existencia, es tan imprescindible como el oxígeno que respira. Para el artista, la búsqueda de ese territorio propio significa descubrir un estilo artístico personal, una manera de hacer, de sentir, de intuir. Una manera de pensar en definitiva que lo lleve a interpretar e interpretarse.

Carlos Alberto Vasquez Rey nos invita con sus obras a conocer su particular Arcadia, un territorio plástico y matérico en constante transformación, un cosmos de sensaciones y emociones que bulle como un volcán a la búsqueda de la belleza suprema.

De las profundidades de la tierra, surgen los rojos pasionales que iluminan sus lienzos. De la cúpula celeste, los azules limpios y profundos. De valles y montañas, los ocres fértiles y los verdes esperanzados. Toda una paleta al servicio de lo telúrico, de lo magmático. Toda una gama cromática que expresa con rotundidad los momentos anímicos del autor.

Vasquez Rey estructura sus composiciones como paisajes del alma. Cada pincelada deviene una emoción intensa concentrada en un gesto. Cada cuadro, una instantánea que nos conduce a la antigua Arcadia, ese lugar mítico presidido por la armonía. Esa república de hombres libres, que nuestro pintor revive en cada cuadro, donde existía la libertad y las personas eran decididamente benignas.