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martes, 27 de noviembre de 2012

PATRIMONIO CULTURAL: Ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Albalate de Zorita (Guadalajara)



ERMITA DE NUESTA SEÑORA DE LOS REMEDIOS


Dando un breve repaso a sus orígenes, vemos que es musulmán (etimológicamente su nombre deriva del árabe "al-bate", que significa camino), ya que por él pasa una vía romana procedente de Segóbriga (Cuenca) hasta el río Tajo.



Tras la conquista del antiguo reino de Toledo por Alfonso VI a finales del S. XI, Albalate aparece como una de las aldeas pertenecientes al Alfoz o Tierra de Zorita. Alfonso VII en 1156 repuebla la comarca, con un grupo de mozárabes aragoneses.


En 1175 el castillo de Zorita y todo su territorio fue entregado por Alfonso VIII a la orden militar de Calatrava, para afianzar esta zona frente a los vecinos territorios conquenses, todavía en manos musulmanas, hecho que se consiguió.


Entre finales del S. XIV y principios del S. XV conseguirá el título de Villa y en 1566 será segregado y vendido por Felipe II a su valido Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli. Bajo el dominio de la poderosa familia Mendoza siguió Albalate hasta la extinción de los señoríos en 1812, momento en el que adquirió plena autonomía.


El entorno natural en el que se halla Albalate es privilegiado. Está situado a las faldas de la sierra de Altomira, cuyas cumbres marcan la línea divisoria con la provincia de Cuenca. Tiene una hermosa vega, después de la cual, a unos kilómetros tenemos el paraje llamado "Cabanillas" por donde pasa el Río Tajo y donde se halló la Famosa "Cruz de Perro".


Todos hemos paseado por sus calles, hemos ido y venido, ¿pero realmente cuantos de nosotros hemos contemplado o conocemos de la existencia de su patrimonio artístico?.
 
El casco urbano bien conservado, permite ver algunas casas blasonadas, la fuente de los Ocho Caños junto a la ermita de Cubillas, con portada románica del siglo XII son algunos sitios interesantes en el patrimonio de esta población alcarreña.


Destacar la iglesia parroquial de San Andrés data del siglo XV-XVI con elementos barrocos, gótico isabelinos y renacentistas, destacando sus portadas, una es gótica con elementos renacentistas y la otra renacentista, también una pila bautismal con decoración de ángeles.


Interesantes son las Ruinas históricas de Cubillas de estilo románico del siglo XIII; la ermita de Nuestra Señora de los Remedios del siglo XVII, con portada herreriana y la ermita de la Santa Cruz del siglo XVII, sin olvidar la Fuente de los 13 caños del siglo XVII.


En su patrimonio, Albalate de Zorita atesora la Santa Cruz (pieza de orfebrería del siglo XIII), así como la Iglesia de San Andrés Apóstol, las ruinas históricas de Cubillas, Ermita de la Santa Cruz, Fuente de los 13 caños y la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios.


Hoy nos vamos a fijar en esta última, la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios. Muy fácil de ubicar, pues está justo en la carretera que atraviesa el pueblo y justo enfrente del Centro Juvenil de cultura.


Vamos a intentar hacer un viaje al pasado y ver los orígenes y la historia de este preciado bien que forma parte del patrimonio histórico de Albalate.

Comenzó a construirse en 1655 y aunque no se sabe la fecha exacta de su terminación pudo ser en 1676. Obra barroca de planta rectangular, con portada de severidad herreriana rematada en hornacina, en ella se veneraba una imagen que según se asegura trajo de Flandes un soldado hijo del pueblo. Fue tan grande la devoción por esta imagen que le construyeron esta ermita.


Es una ermita muy hermosa, de planta rectangular con contrafuertes alrededor, tejado a distintas alturas, en la parte central -la más alta que equivale dentro al altar-, tenemos una falsa cúpula con óculo central. El retablo original se perdió en la guerra.


Portada de severidad herreriana rematada en hornacina, en ella se veneraba una imagen que según se asegura trajo de Flandes un soldado hijo del pueblo. Fue tan grande la devoción por esta imagen que le construyeron esta ermita.


En el siglo XVII se produce en España la casi completa desaparición de lo que podrían llamarse las clases medias, fenómeno que se acentuó aún más en el siguiente siglo. Se llega a una situación en que la sociedad se muestra fraccionada en dos polos antagónicos: una minoría que detenta todos los privilegios, y el resto de la ciudadanía, cada vez más empobrecida. La clase media que debiera haber consolidado la naciente burguesía urbana no se materializó, la nueva clase de comerciantes enriquecidos no reinvirtió en la ciudad; muy al contrario, compraron tierras masivamente, en un intento de lograr formar parte de la clase privilegiada, de tradición terrateniente, lo que agravó aún más el problema de la concentración agraria. En palabras de Maravall, la pérdida de fuerza y abandono de la burguesía en la primera mitad del siglo XVII, más que a una crisis de ella misma, se debió a un intencionado fortalecimiento del poder de la nobleza, que para ayudarse arrastró consigo a los enriquecidos, y otros grupos ascendentes se vieron frenados. Hay que considerar además que hasta las Ordenanzas de Carlos II en 1682, las actividades de tipo industrial suponían para cualquier noble que osara practicarlas la inmediata pérdida de la condición de hidalguía. La industria por tanto no se renovó, y la movilización masiva de la población agraria a un modelo de ciudad que no estaba aún en condiciones de absorber tal mercado de trabajo generó un proletariado urbano sin expectativas, la fractura social era evidente, y se concretó en sucesivas sublevaciones en Cataluña, Portugal, Andalucía, Sicilia y Nápoles.


La tradición clasicista que domina las realizaciones de la primera mitad del siglo XVII es en gran medida consecuencia de las penosas circunstancias por las que atravesaba el país, en una sociedad en horas bajas los arquitectos debieron aceptar los trabajos que surgían, dejando en un segundo plano cualquier tipo de inquietud artística, son tiempos para la actuación del maestro tradicional, amparado por los gremios; la nueva consideración de la figura del arquitecto impulsada por el humanismo italiano tardó, por tanto, en imponerse en la España del barroco.


La arquitectura herreriana, o estilo herreriano, se desarrollo en España el último tercio del siglo XVI, coincidiendo con el reinado de Felipe II (r.1556-1598), y continuo vigente en el siglo XVII, aunque transformado por las corrientes barrocas del momento. Se corresponde con la tercera y ultima etapa de la arquitectura renacentista española, que fue evolucionando hacia una progresiva depuración ornamental, desde el plateresco inicial hasta el purismo clásico del segundo tercio del siglo XVI y la absoluta desnudez decorativa que introdujo el estilo herreriano."

Se origino con la construcción del Monasterio de El Escorial (San Lorenzo de El Escorial, Madrid) y, mas en concreto, con la reorganización del proyecto realizada por el arquitecto montañés Juan de Herrera (1530-1597), tras la muerte de Juan Bautista de Toledo (1515-1567), autor del primer diseño.
Sus principales representantes son el citado Herrera, a quien el estilo debe su nombre, y Francisco de Mora (1553-1610), discípulo del anterior y artífice del Palacio ducal de Lerma (Lerma, Burgos), otra de las obras clave de la arquitectura herreriana.


La arquitectura herreriana, o el estilo herreriano se caracteriza por su rigor geométrico, la relación matemática entre los distintos elementos arquitectónicos, los volúmenes limpios, el predominio del muro sobre el vano y por la ausencia casi total de decoración, razón por la cual en su época era denominado estilo desornamentado. También es conocido como estilo escurialense, en alusión al edificio que sirve de paradigma a esta corriente arquitectónica.


Los edificios herrerianos destacan por su severa horizontalidad, lograda gracias al equilibrio de las formas, preferentemente cúbicas, que se disponen simétricamente en la estructura. Por lo general, presentan cubiertas de madera revestidas al exterior de pizarra y torres laterales, rematadas en chapiteles piramidales terminados en punta, que introducen un elemento de verticalidad, al tiempo que contribuyen a reforzar la sensación de simetría.


En otras ocasiones, no se busca tanto la horizontalidad como la voluminosidad, a la que se llega a través del juego geométrico de los diversos elementos arquitectónicos. Es el caso del modelo empleado en la construcción de iglesias parroquiales, con grandes fachadas, torres de planta cuadrangular y pesados contrafuertes.


Después de esta breve visita al pasado vamos a regresar al presente y mas bien podemos decir, al triste presente.


Si ya decíamos que el Siglo XVII fue económicamente malo y eso influyó negativamente en las construcciones de la época, nuevamente el presente Siglo XXI nos arroja nuevos nubarrones que también están influyendo en la situación de determinado edificios que forman parte del patrimonio histórico de los pueblos.


Algo que con gran esfuerzo crearon maestros canteros y arquitectos hace cientos de años, poco a poco se están deteriorando por falta de actuaciones de conservación sobre los mismos.


En el caso que nos ocupa, el Obispado dice que apenas puede hacer frente a la conservación de las iglesias de culto de la provincia, pero que para ermitas como ésta las deja un poco al cuidado de Dios.


Si realizamos una visita a su interior podemos ver como las humedades y las grietas se están haciendo fuertes y forman ya parte de la decoración de la misma.